20 octubre 2017

Las botas rojas

Cuando estaba pequeña había en nuestro cuarto un pequeño cuadro de una niña que llevaba unas botas rojas hasta la rodilla. 


Mi hermana de 5 años se enamoró perdidamente de esas botas y les pidió a mis papás que le compraran unas. Finalmente, mis padres llegaron con las tan esperadas botas rojas. Solo había un pequeño detalle: eran unas botas ortopédicas. 



Sin quejarse, mi hermana vio esas botas con decepción e hizo todo lo posible para poder deshacerse de ellas. Cada vez que se subía a la rueda del parque, giraba sus pies de tal manera que pudiera rayarlas: primero un lado y luego el otro, pero eran bastante resistentes; así que tuvo que usar sus botas ortopédicas mientras fue necesario. Ya han pasado muchos años desde entonces y nos reímos de esa experiencia, especialmente porque si no hubiese sido por esas “no deseadas ni esperadas botas”, no podría usar zapatos de tacón alto (entre otras cosas). Las botas de mi hermana no eran brillantes ni bonitas, pero era lo que necesitaba en ese momento.

Tal como mi hermana, algunas veces oramos y pedimos a nuestro Padre Celestial algo que anhelamos desde el fondo de nuestro corazón y Él nos responde de una manera inesperada: pedimos botas rojas y recibimos botas ortopédicas. Quizás nos decepcionamos y no entendemos cómo es posible que un Padre amoroso no nos conceda un deseo justo o necesario. Sin embargo, como dice el Elder David A. Bednar, “a menudo recibimos bendiciones significativas pero sutiles que no siempre son lo que esperamos, y que fácilmente se pueden pasar por alto (…) Los jóvenes guerreros del Libro de Mormón (véase Alma 53; 56–58) oraron fervientemente para que Dios los fortaleciera y los librara de las manos de sus enemigos. Curiosamente, la respuesta a esas oraciones no produjo más armas ni tropas más numerosas. En su lugar, Dios concedió a esos fieles guerreros la certeza de que Él los libraría, paz a sus almas, y una gran fe y esperanza en Él para su liberación (véase Alma 58:11). Por lo tanto, los hijos de Helamán cobraron ánimo, tuvieron la determinación fija de vencer y avanzaron con todas sus fuerzas contra los lamanitas (véase Alma 58:12–13). En un principio, la seguridad, paz, fe y esperanza parecían no ser las bendiciones que los guerreros en la batalla querían, pero esas eran precisamente las bendiciones que esos valientes jóvenes necesitaban para seguir adelante y prevalecer, tanto física como espiritualmente.
“A veces, es posible que le pidamos a Dios tener éxito y Él nos dé fortaleza física y mental. Quizás supliquemos por prosperidad y recibamos una perspectiva más amplia y más paciencia; o pidamos ser mejores y se nos bendiga con el don de la gracia. Él puede concedernos convicción y confianza al esforzarnos por alcanzar metas dignas; y cuando suplicamos alivio por las dificultades físicas, mentales y espirituales, quizás Él aumente nuestra resolución y capacidad de recuperación.” (David A. Bednar: Las ventanas de los cielos, Liahona noviembre 2013)
En algunas ocasiones he pedido botas rojas y he recibido botas ortopédicas, pero hay algo interesante en cuanto a ellas: están hechas para corregir, para ayudar y, aunque algunas veces no lo parezca, hacer la vida mejor para quien las usa. Quizás sea incómodo al principio, pero mientras más se usen, más rápido se corregirá el problema, y con el tiempo, estaremos agradecidos por ese Padre amoroso que supo lo que necesitábamos a fin de convertirnos en las personas que Él sabía que podíamos llegar a ser.


Creo que, aunque mis padres lo hubieran intentado, difícilmente mi hermana de 5 años habría comprendido por qué debía usar esas botas en lugar de las que ella deseaba. De la misma manera, nosotros “[somos] niños pequeños y todavía no [hemos]entendido cuán grandes bendiciones el Padre tiene en sus propias manos y ha preparado para [nosotros]” (Doctrina y Convenios 78:17); necesitamos creer que “él tiene toda sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra; [creer] que el hombre no comprende todas las cosas que el Señor puede comprender” (Mosíah 4:9). Entonces, si confiamos en nuestro Padre Celestial y “a medida que estemos espiritualmente atentos y seamos perceptivos” dice Elder Bednar, “seremos bendecidos con 
ojos que vean más claramente,
oídos que escuchen más consistentemente y
corazones que comprendan más plenamente
el significado y la sutileza de Sus caminos, Sus pensamientos y Sus bendiciones en nuestra vida.” (David A. Bednar: Las ventanas de los cielos, Liahona noviembre 2013) 

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